El futuro de la energía solar en Europa es multifuncional y la agrivoltaica liderará el cambio


RESUMEN
La agrivoltaica se está consolidando como el modelo de referencia para la fotovoltaica sobre suelo en Europa. A partir de 2030, estos sistemas de doble uso impulsarán la expansión renovable en el medio rural gracias a la integración técnica, políticas favorables y modelos financieros flexibles.
La próxima fase del desarrollo solar en Europa no exigirá escoger entre energía limpia, producción agrícola o dinamismo económico en el campo. Se construirá diseñando proyectos que unan los tres objetivos.
Esa es la tendencia que ha identificado en todo el continente el Dr. Stephan Schindele, uno de los principales expertos en agrivoltaica. Schindele acumula muchos años de experiencia en investigación, gestión de producto, promoción y política energética, con etaas clave en instituciones como Fraunhofer ISE y BayWa r.e. Global.
En su opinión, la fotovoltaica multifuncional ya no es un nicho dentro de la transición energética. En el terreno agrario, apunta a consolidarse como la modalidad predominante de desarrollo.
«Se convertirá en la norma para la tecnología solar en suelo agrícola», asegura Schindele. El especialista prevé que este cambio gane visibilidad entre 2030 y 2035, a medida que más proyectos completen su fase de tramitación y comiencen su operación.
Esta proyección es determinante: Europa necesita acelerar la generación de energía limpia mientras preserva la seguridad alimentaria, adapta los cultivos al cambio climático y mantiene el apoyo público a las infraestructuras rurales. El modelo agrivoltaico alinea estas prioridades en un mismo emplazamiento. Sin embargo, solo funciona cuando el sistema fotovoltaico se integra plenamente en el proceso agrícola; no cuando se añade como una consideración posterior.
Metodología del artículo
Este análisis combina las aportaciones de una entrevista exclusiva con el especialista e investigador en agrivoltaica Stephan Schindele con la documentación técnica y los recursos especializados de PVcase sobre esta tecnología.
Índice
- Por qué las tierras agrícolas europeas avanzan hacia modelos de doble uso
- Adaptación del diseño al tipo de explotación: del pastoreo a los huertos frutales
- Cómo las políticas europeas favorecen la agrivoltaica frente a la fotovoltaica tradicional
- Rentabilidad en agrivoltaica: el CAPEX y el rendimiento del suelo según el modelo de explotación
- La necesidad de un diseño integrado para escalar los proyectos de doble uso
- Perspectivas de futuro
Por qué las tierras agrícolas europeas avanzan hacia modelos de doble uso
SÍNTESIS
El modelo agrivoltaico concibe el terreno agrario como una infraestructura integral capaz de generar alimentos, energía limpia y resiliencia climática, sin asumir una solución homogénea para todas las explotaciones.
Las plantas fotovoltaicas tradicionales sobre suelo suelen asignar a la parcela un solo cometido: maximizar la generación eléctrica. El perímetro se valla, se despliegan las estructuras y la actividad agrícola original se detiene en gran medida dentro de los límites del proyecto.
La agrivoltaica redefine esta lógica. Las labores agrícolas se mantienen mientras el parque fotovoltaico pasa a formar parte de la operación de la finca. Esto puede significar cultivos entre filas, fruta bajo estructuras elevadas, pastoreo alrededor de instalaciones convencionales o energía solar integrada en invernaderos y otras infraestructuras agrícolas.
Compatibilizar el uso del terreno es importante, aunque el cambio real radica en el diseño conceptual de la instalación. Los promotores ya no optimizan un único resultado de forma aislada, sino que colaboran estrechamente con agricultores, ingenieros agrónomos, instituciones públicas y comercializadoras de energía para planificar la aportación del terreno a largo plazo.
«La mayoría de los proyectos se construyen en suelo rústico. No debemos darles la espalda a los agricultores, sino trabajar mano a mano con ellos.»
— Dr. Stephan Schindele
Esta colaboración cobra especial relevancia ante la paulatina integración de la adaptación climática en las estrategias de inversión rural. Fenómenos como temperaturas extremas, sequías prolongadas, lluvias intensas o la degradación del suelo generan sobrecostes para los agricultores. Al mismo tiempo, la transición hacia prácticas regenerativas, una mejor gestión del agua o la renovación de la maquinaria agrícola también exigen un capital considerable.
Schindele describe la oportunidad como ir «más allá del perímetro». En lugar de evaluar únicamente la parcela solar, los promotores deben analizar la explotación en su conjunto: qué necesita el agricultor, dónde hay acceso a la red, qué terrenos tienen un cultivo compatible y cómo pueden reforzar los ingresos del proyecto el negocio agrícola.
Esta es una de las razones por las que el desarrollo multifuncional puede obtener una mayor aceptación. Un proyecto agrivoltaico no solo produce energía limpia, sino que asegura la continuidad agrícola, crea una fuente de ingresos más estable y apoya la resiliencia climática local.
Aunque los resultados económicos y ecológicos varían según la localización, el modelo supera con creces el esquema tradicional de un arrendamiento del terreno.
Adaptación del diseño al tipo de explotación: del pastoreo a los huertos frutales
SÍNTESIS
El nivel de complejidad depende de la actividad agrícola. Mientras que la ganadería admite configuraciones próximas a la fotovoltaica sobre suelo tradicional, la fruticultura y los cultivos especializados exigen estructuras elevadas y una gestión precisa de la luz.
El imaginario habitual de la agrivoltaica suele evocar paneles situados a gran altura sobre campos de cultivo. Aunque estas infraestructuras son comunes, representan solo una de las posibilidades dentro de un espectro mucho más amplio.
En pastizales permanentes, la ganadería ovina o avícola permite preservar la actividad agraria con modificaciones mínimas en el diseño. Por contra, tierras de cultivo, el espacio entre hileras, los radios de giro y la gálibo vertical deben deben adaptarse a la maquinaria y a las rotaciones de cultivos. Asimismo, las bayas, las manzanas y otros cultivos especializados requieren estructuras suspendidas o módulos semitransparentes capaces de modular la radiación y resguardar la cosecha frente a inclemencias meteorológicas.
«Todo gira en torno al tipo de proceso agraria que se quiera mantener», destaca Schindele. «El diseño fotovoltaico debe amoldarse por completo a las rutinas de la explotación.»
Esta distinción tiene un peso determinante en la viabilidad económica del proyecto, ya que evita encasillar toda la categoría en las soluciones con estructuras más complejas. Ciertas instalaciones conllevan una mayor inversión inicial al utilizar fijaciones elevadas, paneles especiales o un seguimiento dinámico. En cambio, otras se aproximan bastante a los costes de los proyectos convencionales sobre suelo.
En las plantas adaptadas al pastoreo, la propia presencia ganadera facilita el control de la vegetación. Además, conservar el estatus de tierra agrícola condiciona aspectos clave como los contratos de arrendamiento, la fiscalidad o los plazos de tramitación según el marco local. Por este motivo, la rentabilidad agrivoltaica debe analizarse de forma específica según el tipo de solución y la normativa aplicable, alejándose de estimaciones financieras genéricas.
Cómo las políticas europeas favorecen la agrivoltaica frente a la fotovoltaica tradicional
SÍNTESIS
La regulación comunitaria asume de forma creciente que el despliegue solar, la producción de alimentos y la resiliencia rural son compatibles, siempre y cuando la actividad agrícola conserve sus procesos de forma objetiva y verificable.
El auge de la agrivoltaica se debe, en buena medida, a que brinda a los responsables políticos una vía para superar la dicotomía tradicional sobre la ocupación del suelo. La tierra fértil ya no necesita desligarse de la agricultura para respaldar la descarbonización. Por el contrario, los proyectos pueden estructurarse en torno a la continuidad de la actividad agrícola y someterse a criterios gubernamentales de calificación urbanística, productividad agrícola o arquitectura técnica.
Las normativas varían en cada estado miembro.
Francia ha promulgado una figura jurídica orientada a preservar la función agrícola.
Alemania aplica estándares técnicos específicos para separar estas plantas de los parques fotovoltaicos convencionales.
Italia incentiva la el desarrollo de la agrivoltaica avanzada mediante subvenciones directas y una regulación específica.
Pese a estas divergencias, la convergencia europea hacia la homologación del doble uso es evidente.
Según Schindele, este avance legislativo trasciende los objetivos de emisiones. El entorno rural acoge el grueso de la infraestructura energética europea, al tiempo que sufre directamente los efectos del cambio climático. Facilitar la simbiosis entre fotovoltaica y agricultura dota a estas regiones de herramientas para adaptarse a esta realidad, en lugar de limitarse a albergar nuevos objetos ajenos.
El especialista señala a Francia como indicador, donde observa que la gran mayoría de las tramitaciones en suelo rústico adoptan ya esquemas agrivoltaicos. Aunque esta apreciación responde a su balance personal del sector y no a una estadística oficial, la tendencia resulta clarificadora: en determinados mercados, certificar la viabilidad agronómica del proyecto constituye un requisito esencial para asegurar licencias y financiación.
Rentabilidad en agrivoltaica: el CAPEX y el rendimiento del suelo según el modelo de explotación
SINTESÍS
Los sistemas agrivoltaicos no son sistemáticamente más caros ni más baratos que las plantas sobre suelo tradicionales. La viabilidad del proyecto depende de la estructura, la actividad agronómica, los costes operativos, las facilidades de acceso a la finca, las normativas locales y la aportación económica a la explotación.
La objeción recurrente hacia las soluciones agrivoltaicas se halla en los costes de inversión inicial. Ciertamente, las estructuras elevadas requieren más acero, maquinaria especializada y procesos de autorización más largos. No obstante, equiparar todo tipo de proyectos a este oculta la realidad de las finanzas de las configuraciones más sencillas.
Schindele sostiene que el pastoreo en plantas fotovoltaicas figura entre las alternativas más competitivas del sector, dado que altera mínimamente el diseño requerido para garantizar la actividad ganadera. En estos casos, el ganado controla el crecimiento de la vegetación y el proyecto mantiene el estatus agrícola, de forma que se reducen los costes operativos a largo plazo. De igual forma, los sistemas de filas para maquinaria y cultivos pueden requerir una separación mayor o un gálibo superior, aunque conservan una arquitectura muy próxima al estándar sobre suelo.
En el extremo opuesto, los sistemas elevados sobre sobre huertos o cultivos de bayas conllevan un sobrecoste estructural. Para justificar este gasto, su valor añadido debe ir más allá de la producción energética: abarca la protección de los cultivos, la reducción del estrés térmico, la gestión del agua, el rendimiento agrícola y el acceso a terrenos ventajas administrativas que no se aplicarían a la fotovoltaica convencional.
En este sentido, tiene especial relevancia la métrica siguiente: el coeficiente de rendimiento equivalente de la tierra (Land Equivalent Ratio o LER). En lugar de evaluar si la generación energética iguala la de una instalación convencional, el LER compara la producción agrícola y eléctrica conjunta en una misma hectárea frente a la producción por separado.
La necesidad de un diseño integrado para escalar los proyectos de doble uso
SÍNTESIS
El diseño agrivoltaico debe evaluar conjuntamente la producción energética y las condiciones agrícolas. Layouts, gálibos, sombreado, acceso de maquinaria, comportamiento del agua, topografía y regulación no pueden estudiarse por separado.
Cuando dos sistemas de producción coexisten sobre el mismo terreno, cada variable del diseño condiciona de forma directa el resultado en ambas direcciones. Aumentar el espaciado entre filas favorece el acceso a cultivos y la distribución de la luz a costa de reducir la capacidad fotovoltaica.
De igual modo, elevar los módulos facilita el paso de la maquinaria y la producción frutícola, pero aumenta las cargas estructurales. Incluso el comportamiento de los seguidores puede afectar al rendimiento energético, la irradiación de los cultivos, la protección frente al viento y la distribución del agua de lluvia.
El reto técnico no consiste simplemente en maximizar la generación de energía y asumir las consecuencias negativas para la producción agrícola. Al contrario, exige definir un rendimiento aceptable para ambos sistemas y validar los diseños frente a estos objetivos.
Esto requiere una extensa experiencia agrícola. Ningún software puede dictar el tipo de cultivo idóneo para un sistema, ni suplir el trabajo de campo. Sin embargo, sí ofrece al equipo de ingeniería una representación digital unificada del emplazamiento para contrastar alternativas antes de invertir capital.
El modelado adaptado al terreno permite testar pasillos, alturas de estructura, el emplazamiento de estructuras, vías de acceso y gálibos de paso.
Las simulaciones de sombreado y rendimiento facilitan la evaluación del efecto de las variaciones en el diseño tanto en la generación eléctrica como en la irradiación.
Los flujos de trabajo conectados evitan a los equipos tener que rehacer sus hipótesis cuando el proyecto pasa de la fase de viabilidad al diseño de detalle y la simulación energética.
Aquí está el truco para escalar la fotovoltaica multifuncional. El sector ya ha demostrado la viabilidad técnica de la agrivoltaica. El siguiente paso consiste en estandarizar el proceso sin tratar de encajar cada proyecto en un mismo molde.
«El doble uso del suelo es perfectamente viable. La clave está en pasar de un desarrollo monofuncional a un enfoque multifuncional.»
— Dr. Stephan Schindele
Perspectivas de futuro: por qué la Agri-PV podría convertirse en el estándar solar en Europa a partir de 2030
SÍNTESIS
La agrivoltaica no desplazará los proyectos solares tradicionales. No obstante, en las áreas rurales de Europa, cuenta con todos los elementos para pasar de opción minoritaria a estándar de desarrollo.
Siempre habrá emplazamientos idóneos para la fotovoltaica de uso exclusivo: polígonos industriales, cubiertas, terrenos degradados o zonas áridas donde la agricultura no sea atractiva. La agrivoltaica no pretende disputar esos nichos.
El cambio es más específico y más trascendente. En las tierras agrícolas productivas de Europa, los promotores deberán argumentar la forma en la que sus proyectos respaldan la función agrícola del terreno, en lugar de desplazarla. A medida que entren en operación más proyectos, y agricultores y autoridades adquieran mayor experiencia, pasará de novedoso a habitual.
Schindele prevé la incorporación de gigavatios de potencia agrivoltaica cuando las carteras en tramitación avancen hacia la fase de construcción. Según sus estimaciones, entre 2032 y 2035 esta modalidad podría consolidarse como la referencia para cualquier implantación fotovoltaica en terreno agrícola.
Esta previsión depende de marcos regulatorios estables, conexiones viables a la red, modelos comerciales duraderos, ensayos agrícolas constatados y diseños optimizados para las labores del campo. Nada de esto ocurrirá de forma automática. Sin embargo, la tendencia es positiva porque alinea incentivos que el desarrollo convencional suele mantener separados.
Los agricultores necesitan ingresos estables y herramientas para adaptarse. Europa necesita más electricidad renovable. Las autoridades necesitan proyectos que preserven las tierras productivas y obtengan apoyo local. La agrivoltaica unifica estos tres ejes bajo una misma propuesta.
La premisa de partida para la promoción fotovoltaica en el entorno agrícola puede cambiar pronto.
En lugar de explicar por qué un proyecto debe de cumplir más de una función, los promotores tendrán que justificar el uso de un terreno valioso para un único fin.


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