Al igual que ocurre con sus requisitos técnicos, la vertiente financiera de un proyecto agrivoltaico suele ser sensiblemente más compleja que la de una planta fotovoltaica sobre suelo convencional a gran escala. Los promotores deben colaborar estrechamente con los propietarios de los terrenos y prever el aumento de los costes estructurales, la protección de las cosechas y la optimización de los costes de explotación compartidos.
Esta realidad repercute directamente en la inversión inicial y en los flujos de ingresos a largo plazo.
Viabilidad económica: la relación entre CAPEX y OPEX
El principal obstáculo para la rentabilidad de los proyectos agrivoltaicos radica en la inversión inicial de capital (CAPEX), aunque este puede variar ampliamente.
En EE. UU., el CAPEX de estructuras especializadas reforzadas puede alcanzar los 2,33 USD/W, lo que supone un 52 % más que en los parques solares tradicionales. Este sobrecoste oscila habitualmente entre un 0 % y un 148 % por encima de la fotovoltaica sobre suelo convencional.
Esta volatilidad responde a la falta de estandarización industrial y a la variación según la tipología agrícola seleccionada:
Sistemas de pastoreo (ovino/bovino): Presentan la menor desviación de CAPEX (0 % a 14 % de sobrecoste). Utilizan estructuras fijas o seguidores de baja altura similares a la fotovoltaica convencional sobre suelo.
Cultivos inter-hilera (maquinaria agrícola): Requieren un pitch (distancia entre filas) más amplio para el paso de tractores y cosechadoras. Esto incrementa moderadamente el gasto en cableado y ocupación de suelo, situando el sobrecoste de CAPEX entre el 15 % y el 40 %.
Estructuras elevadas (frutales y arbustos): Concentran el límite superior del sobrecoste (52 % a 148 %) debido a la masa de acero estructural requerida para elevar las mesas solares a más de 3-4 metros de altura y soportar mayores momentos flectores.
Con el objetivo de pasar de un enfoque "hecho a medida" a activos energéticos escalables, la industria se orienta hacia estructuras de montaje estandarizadas y el uso de software de automatización del diseño integrado, que permite a los ingenieros modelar limitaciones complejas del terreno y de la red en cuestión de minutos.
Sin embargo, este mayor desembolso inicial se equilibra con una reducción del gasto operativo (OPEX). Al integrar actividades agrícolas, los promotores aprovechan el control natural de la vegetación mediante el pastoreo y se benefician de menores necesidades de riego gracias a la sombra de los paneles.
De este modo, a pesar del mayor coste de entrada, el coste nivelado de la electricidad (LCOE) de la agrofotovoltaica en pastizales (~0,08 €/kWh) o terrenos cultivables (~0,12 €/kWh) se mantiene por debajo del de las instalaciones fotovoltaicas residenciales en cubierta.
Modelos de reparto de ingresos
En la fotovoltaica convencional, la relación entre el promotor y el propietario del suelo suele limitarse a un simple arrendamiento. En cambio, el reparto de ingresos se concibió para alinear los intereses de dos sectores distintos que pasan a coexistir en el mismo espacio.
Este modelo garantiza que el proyecto mantenga la actividad agrícola como prioridad, al tiempo que proporciona al promotor energético la seguridad jurídica sobre el suelo requerida para un activo concebido a 25 años.
Entre las estructuras más habituales de reparto de ingresos destacan:
Arrendamiento de terrenos: El promotor energético abona una prima fija al agricultor.
Acuerdos de compra de energía (PPA): El agricultor obtiene electricidad bonificada para sus labores (bombeo, almacenamiento en frío) y comercializa el excedente.
Proyectos conjuntos (Joint Ventures): Régimen de copropiedad en el que ambas partes comparten tanto los beneficios de los Certificados de Energía Renovable (REC) como la venta de las cosechas.